LA VEGETACIÓN DEL VALLE DEL NAJERILLA
La vegetación del valle del Najerilla, como la de cualquier otro lugar, está condicionada por cuatro factores relevantes: el clima (mediterráneo, oceánico…), el relieve en lo que respecta a la orientación (solana, umbría…), la litología (pH suelo, tipo de roca) y, cada vez más, el manejo humano.
1. Clima. La circulación atmosférica general origina la zonación climática terrestre. Por su latitud, la península Ibérica presenta un clima mediterráneo, salvo Galicia y la Cornisa Cantábrica que lo tienen atlántico (quedan bajo la influencia del extremo meridional de la zona de las borrascas subárticas).
En La Rioja, el patrón climático general (clima mediterráneo), se ve modificado a escala local por la altitud de la Sierra que provoca una disminución de la temperatura y un aumento de las precipitaciones.
En los mapas de precipitación y temperatura siguientes, se puede observar que en la Comunidad Autónoma hay un gradiente positivo de temperatura de oeste a este (las temperaturas son más altas hacia La Rioja Baja) y negativo de norte a sur (del Valle a la Sierra). En cuanto a la precipitación, llueve más en el oeste (Rioja Alta) y en el sur (Sierra) y menos en el valle del Ebro y hacia La Rioja Baja. Como consecuencia, la vegetación climácica del valle del Ebro y de La Rioja Baja, además del tramo medio-bajo del valle del Najerilla, corresponde a un bosque mediterráneo (encinar) y la de la Sierra a un bosque caducifolio (robledal y hayedo).
En las llanuras de inundación del río Ebro y de sus principales afluentes, entre ellos el río Najerilla, la vegetación climácica corresponde a un amplio bosque de ribera con sauces blancos, chopos negros, álamos y fresnos.
Detalle del cornejo, una especie que podemos encontrar en los bosques de ribera del río Najerilla
2. El intenso manejo humano en la Comunidad ha hecho que prácticamente haya desaparecido el bosque mediterráneo del Valle (sustituido por cultivos de cereal, viñas, olivos o almendros) y los bosques de ribera (sustituidos por cultivos hortofrutícolas y choperas y en otros casos, eliminados por canalizaciones, edificaciones e infraestructuras urbanas). Mejor conservados están los bosques caducifolios, aunque en muchas zonas de sierra han proliferado los cultivos de coníferas (sobre todo de pino silvestre).
3. Orientación.
a. Respecto al Sol.
Las laderas que miran hacia el sur (S) u orientadas al sur (solanas), son las que reciben más radiación solar. Por eso su temperatura es mayor y su humedad menor que en el resto de laderas con otras orientaciones.
En las laderas orientadas al norte (N, umbrías), ocurre lo contrario: como son las que menos radiación reciben, las temperaturas son más bajas y la humedad mayor.
Estas diferencias de temperatura y de humedad se ven muy bien reflejadas en la vegetación que crece sobre ellas. Así, en las solanas prosperan especies más termófilas o mediterráneas y en la umbría aquellas que necesitan más humedad. A la misma altura topográfica, en una solana pueden crecer encinas, mientras que en la umbría lo harán los robles (quejigos o rebollos, según el pH del suelo). Si en la solana prosperan los robles, en la umbría lo harán las hayas.
Vista del valle del río Tobía. Las formaciones más oscuras corresponden a hayedos y las verde más claro a rebollares. Los primeros crecen en las ladera NO (izda.) y donde hay más humedad o la orientación es más favorable (pequeños barrancos) en la ladera SE. En esta, con más insolación, prosperan los rebollos que necesitan menos humedad y suelos de pH ácido
b. Respecto a los vientos dominantes.
Cuando una masa nubosa choca contra una montaña, es obligada a ascender. Al hacerlo, puede formar nubes y dar lugar a precipitaciones en la ladera por la que asciende (barlovento). En la contraria (sotavento), se produce un descenso del aire seco que origina el llamado efecto Foehn. Las laderas que reciben los vientos o de barlovento son más húmedas y frescas que las de sotavento, más cálidas y secas.
Este efecto tiene lugar, por ejemplo, en el valle del Najerilla, a sotavento de la sierra de La Demanda (se aprecia muy bien en los mapas anteriores), lo que permite la entrada de especies mediterráneas, como la encina, en la Sierra. La Demanda, al oeste, es la que hace de pantalla a los vientos dominantes del oeste que traen las nubes.
La península Ibérica se encuentra entre la zona de anticiclones subtropicales, al S, y la zona de borrascas subárticas al N. Los vientos se desplazan de los anticiclones a las borrascas y por el efecto Coriolis se desvían a su derecha en el hemisferio norte. Por eso, los vientos dominantes en la Península son del SO
4. Litología. Las rocas que afloran en cualquier lugar condicionan el tipo de suelo (más arcilloso, más arenoso...) y también su pH. Este, a su vez, condiciona la presencia o ausencia de determinadas especies de plantas al influir aquel en la disponibilidad de nutrientes. Hay especies acidófilas (que crecen en suelos de pH ácido como el cantueso, la escoba, el rebollo o la mayoría de los brezos), otras basófilas (de suelos con pH básico como el tomillo o la aulaga) y muchas otras indiferentes (que prosperan en cualquiera de los dos como la encina o el haya).
El afloramiento de las rocas cámbricas de la formación Dolomías de Urbión, se puede localizar muy bien buscando los lugares donde crecen aulagas y tomillos, siguiendo el camino viejo a Valvanera desde Tobía. Como son rocas carbonatadas dan suelos con pH básico donde prosperan esas especies mediterráneas.
Brezales de Erica australis cerca del collado Campastros, en el camino a Valvanera. Este brezo es un buen indicador de suelos con pH ácido
Detalle de la aulaga (Genista scorpius), una leguminosa muy buena indicadora de suelos secos y básicos
ANEXO
FORMACIONES VEGETALES DEL VALLE DEL NAJERILLA
Desde un punto de vista biogeográfico (de distribución de los seres vivos), La Rioja se encuentra dentro de la Región Mediterránea, aunque comparte dos provincias corológicas diferentes, como consecuencia de las diferencias climáticas entre la Montaña y el Valle: la Aragonesa (Sectores Riojano-Estellés y Bardenas-Monegros) y la Carpetano-Ibérico-Leonesa (Sector Ibérico-Soriano). Esto se traduce, a su vez, en la presencia de diferentes formaciones vegetales que se describen a continuación.
Carrascales o encinares
Son bosques esclerófilos, es decir con hojas duras, pequeñas y con numerosas adaptaciones para resistir la prolongada sequía estival, como espesas cutículas protectoras y cubiertas pelosas o céreas para aliviar la transpiración. La carrasca (Quercus ilex) es indiferente en su relación con el suelo, ya sea silíceo o calizo, además de poder vivir en los que están poco desarrollados (los asentados sobre fuertes pendientes o en crestas venteadas).
Constituirían la vegetación climácica propia del curso bajo del río Najerilla, prácticamente desaparecida en la actualidad por dedicarse esos suelos a cultivos. Correspondería a un carrascal basófilo mesomediterráneo de óptimo aragonés con el jazmín (Jasminum fruticans) y la umbelífera Bupleurum rigidum. En los ribazos, cuando son respetados por los agricultores, aparecen comunidades propias de sus etapas de degradación como los coscojares (Quercus coccifera) con espino negro (Rhamnus lycioides) y aulagas (Genista scorpius), y los romerales-salviares con romero (Rosmarinus offinalis), tomillos (Thymus vulgaris), Ononis fruticosa y estepas (Cistus albidus). Podemos encontrar un buen ejemplo de esta formación en el Alto de S. Antón, aunque como los suelos están muy lavados entran especies acidófilas como el brezo Erica scoparia o la jara Cistus salvifolius.
A medida que el relieve se hace más montañoso, bajan las temperaturas y aparecen los carrascales supramediterráneos, estos bastante mejor conservados por asentarse en suelos con una clara vocación ganadera. Los basófilos llevan aulagas y tomillo y los silicícolas Genista florida, Erica arborea, Thymus mastichina o Arenaria montana. Son tan abundantes por la presencia de fuertes pendientes, escaso suelo y corrientes de aire desecante al estrecharse el valle. En la cubeta del embalse de Mansilla se produce el ya comentado fuerte efecto Föhen, al situarse a sotavento de las altas cumbres de La Demanda que apantallan los vientos húmedos oceánicos.
Robledales marcescentes
Los robles marcescentes comparten características de los caducifolios y algunas de los bosques esclerófilos para mitigar en parte la sequía estival (tomento más o menos persistente), lo que les permite colonizar las zonas donde se dan condiciones ecológicas intermedias entre las templado-húmedas y las mediterráneas de los carrascales. Así son capaces de vivir en suelos profundos, que retengan cierta humedad y donde las condiciones climáticas permitan algunas lluvias estivales.
El rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) exige unos 100-200 mm de precipitación en los meses estivales cuando está en pleno crecimiento vegetativo ya que es de los últimos en brotar. Es prácticamente silicícola si bien en algunos terrenos calcáreos con intenso lavado puede vivir en suelos con pH próximo a la neutralidad.
Son bosques propios del piso supramediterráneo en La Rioja y como especies nemorales acompañantes llevan Pulmonaria longifolia, Stellaria holostea, Melampyrum pratense, Veronica officinalis, diente de perro (Erytronium dens-canis)... Han sido explotados tradicionalmente como monte bajo para leña en turnos de corta cortos (8-10 años), aprovechando su enorme capacidad de rebrote, lo que ha impedido su progresión a etapas más evolucionadas de la sucesión ecológica. En el Barranco de Roñas se pueden ver, a mayor altura que los carrascales.
El quejigo (Quercus faginea) presenta las mismas exigencias ecológicas que el melojo si bien puede vivir en condiciones más secas. Lo más frecuente es encontrarlo sobre calizas o margas ya que es desplazado de los suelos ácidos por su congénere. Los mesomediterráneos, que aparecen en orientaciones favorables como entre Baños y Badarán o los de la dehesa de Navarrete, son escasos, mientras que son más abundantes los supramediterráneos de óptimo riojano-estellés. Estos llevan aulaga, Genista hispanica, enebro (Juniperus communis), arce (Acer mospessulanum), Amelanchier ovalis o Viburnum lantana. Los asociados a suelos descarbonatados como los que aparecen en Ledesma o Camprovín crecen con Cistus salvifolius, Erica vagans o enebro.
Hayedos
Son los bosques más característicos de las montañas en la Iberia húmeda. Presentan un estrato arbóreo denso, casi monoespecífico que provoca una gran sombra por lo que hay una casi total ausencia de sotobosque, a la vez que condiciona la composición florística del estrato herbáceo, constituido por plantas umbrófilas, muchas de ellas rizomatosas o bulbosas. Crecen en todo tipo de sustratos creando sus propias condiciones ecológicas y ejerciendo una fuerte competencia con otras especies. El haya (Fagus sylvatica) tiene gran resistencia al frío durante el periodo de reposo vegetativo (pueden soportar 20 ó 30 bajo cero) pero no así a las heladas tardías que destruyen los brotes jóvenes e impiden su crecimiento (no emite una segunda generación de brotes).
Los hayedos son bosques supramediterráneos basófilos y acidófilos que necesitan más humedad que los robledales. Los segundos, más abundantes, son bosques salpicados de acebos (Ilex aquifolium), con heleboros (Helleborus viridis) y otras especies nemorales (Polygonatum verticillatum, Sanicula europaea o Saxifraga hirsuta). Existe otra asociación con arándanos (Vaccinium myrtillus) y Galium rotundifolium que contacta con los enebrales silicícolas oromediterráneos ibérico-sorianos con enebro rastrero (Juniperus communis subsp. alpina), piornos serranos (Cytisus purgans) y arándanos. Donde la influencia oceánica es menor aparecen los pinares de pino silvestre y estas especies forman el estrato arbustivo de los mismos.
Abedulares
Los abedules (Betula alba) son árboles de óptimo septentrional que aparecen dispersos en otras formaciones forestales de óptimo eurosiberiano o submediterráneo como hayedos, robledales o melojares, aunque también es posible encontrarlos formando masas o rodales en fondos de valle o biotopos higroturbosos. Muestran preferencia por los suelos ácidos y soportan la sequía estival siempre que los suelos mantengan cierto grado de humedad.
Los bosques de ribera
La vegetación de las riberas está constituida generalmente por numerosas especies de crecimiento rápido y fácil reproducción. Tanto su composición florística como la estructura de la vegetación están determinadas por la altura del nivel freático, frecuencia y magnitud de las avenidas, procesos erosivos.., además de otros aspectos más generales como el clima y el suelo. Es un rasgo fundamental de estos bosques su disposición catenal respecto del cauce, es decir la existencia de una serie de bandas paralelas al río entre éste y la vegetación climácica a medida que disminuye la humedad edáfica. Tiene por esto un claro carácter intrazonal a diferencia de los bosques vistos anteriormente.Más próximas al cauce del rí
o o dentro del mismo se disponen las agrupaciones de especies de crecimiento y regeneración más rápidos, y de mayor resistencia al paso del agua (sauces) o asociaciones de especies anuales (cañas, carrizos, eneas). En la propia ribera aparecen especies de mayor desarrollo como alisos (Alnus glutinosa) y álamos (Populus alba), también de fácil regeneración y rápido crecimiento. En la zona más alejada del cauce que sólo es inundada esporádicamente aparecen especies de crecimiento más lento y mayor talla como chopos (Populus nigra), olmos (Ulmus minor) o fresnos (Fraxinus angustifolia).
En el río Najerilla, según Fernández y Arizaleta, es posible distinguir tres tramos: en el curso alto y medio, hasta Anguiano, la vegetación ripícola está formada por las denominadas riberas de montaña, con una gran abundancia de fresnos, junto con chopos y sauces (Salix sp.) y otras especies propias de los bosques mixtos de frondosas de su cuenca: avellanos (Corylus avellana), arces (Acer campestre), tilos (Tilia platyphyllos), olmos de montaña (Ulmus glabra)... En el tramo entre Anguiano y Nájera aparece la denominada alameda de álamo negro, donde las especies dominantes son el chopo y sauce blanco (Salix alba). Aguas abajo de Nájera puede definirse ya una alameda-aliseda, formada por alisos, álamos, chopos negros, sauces blancos y fresnos, hasta llegar al río Ebro.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Costa Tenorio, M., Morla Juaristi, C. & Sainz Ollero, H. (Eds.). 1998. Los bosques ibéricos. Geoplaneta.
Fernández Aldana, R., Lopo Carramiñana, L. & Rodríguez Ochoa, R. 1989. Mapa Forestal de La Rioja. Serie Estudios 18. Gobierno de La Rioja.
Fernández Aldana, R. & Arizaleta Urarte, J.A. 1991. Los bosques de ribera en La Rioja. Zubía (Monográfico) 3: 9-45. I.E.R. Logroño.
Peinado Lorca, M. & Rivas-Martínez, S. (Eds.). 1987. La Vegetación de España. Univ. de Alcalá de Henares.